FUNDAMENTOS TEÓRICOS

Actualmente, el lenguaje es uno de los principales desafíos científicos y tecnológicos del siglo XXI por su complejidad, su dinamismo y su función tecnológica y sociocultural, de hecho, resulta necesario producir avances que permitan dar cuenta de su configuración intrínseca, de sus signos, de su genoma (M.Tordesillas, 2002). Complejidad y dinamismo están presentes también en numerosos sistemas naturales, sociales, biológicos y artificiales y su identificación resulta clave para la explicación científica y el progreso contemporáneos. Para avanzar en el conocimiento de la complejidad, se requiere un tratamiento multidisciplinar, que permita tener en cuenta y contrastar los resultados ya obtenidos, pero todavía insuficientes, y crear nuevas herramientas, más eficaces, aplicables en la fundamentación del conocimiento multiversal para su transferencia, la innovación y el desarrollo tecnológico y biológico.

En distintos ámbitos académicos y científicos, la complejidad constituye un objeto de observación y un principio a considerar, como así lo vienen indicando los estudios, publicaciones y reconocimientos de la última década. En las ciencias humanas, muestras de ello las encontramos, entre otros, en las propuestas de Daniel Goleman (La inteligencia emocional), Edgar Morin (Les sept savoirs nécessaires à l’éducation du futur recogidos por Las Naciones Unidas como modelo para la educación del siglo XXI), Howard Gardner (Multiple intelligences and education), Rafael Bisquerra (Educación emocional y bienestar) o Marta Tordesillas (Fundamentos para una Universidad de excelencia, multiversal y sostenible. El lenguaje... instrumento de entendimiento, herramienta para la transferencia de conocimiento y clave para la transformación productiva de saberes).

Un sistema complejo y dinámico por excelencia es el lenguaje y, en concreto, la configuración del significado (argumentativo, enunciativo, ideológico, otros) en la lengua y la composición del sentido (vertical y horizontal) en el discurso. Tanto la lengua como el discurso son susceptibles de organizarse a modo de redes complejas y dinámicas que tejen y gestionan guiones de significados y de conocimientos. Estos guiones garantizan una coherencia y cohesión en los discursos, son susceptibles de facilitar la comunicación, producen escenarios interlocutivos y construyen mundos.

El objetivo es, por un lado, identificar los guiones y las redes posibles, su proyección discursiva, su desarrollo semántico y su composición y conformación en el discurso y, por otro, obtener una imagen de dichos guiones y de dichas redes, así como de la configuración de la complejidad y la identificación y medición de distintos rasgos semánticos y pragmáticos de los discursos, susceptibles de mostrar principios discursivos. Tanto en un a priori, como durante los procesos de análisis de datos, la presencia en el equipo de especialistas en lenguaje, lengua, retórica, adquisición, historia, civilización, literatura, informática o psicología social, nos serán de suma importancia, desde el momento en que atenderán especialmente a los ámbitos culturales y sociales asociables a las redes. Cabe preguntarse hasta qué punto las redes y los discursos son el resultado de la cristalización de una historia sociocultural previa, responden a principios de conocimientos, son susceptibles de plantear o/y de generar nuevos significados, nuevas redes o nuevos conocimientos, según perfiles más o menos comunes, doxales o paradoxales, ideológicos, enciclopédicos, colectivos. Autores como Ducrot, Carel, Raccah o Tordesillas, entre otros, se han aproximado a varias cuestiones mencionadas.

En este marco de investigación, una línea esencial la constituye también el estudio de la subjetividad en la lengua y de las emociones lingüísticas (Tordesillas, 1998, 2013, 2014, 2016).

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